viernes, 5 de septiembre de 2014


 




















MUERTE  Y  TRANSFIGURACION,
de  Richard  Strauss


Partías del otoño
y al otoño volviste. Pero antes,
las estancias oscuras de tu cuerpo
recibieron su abril, un lento aroma
de madrugada tibia,
como paso fugaz de quien amaste.
Entonces, en tu lecho,
un caudal de jazmines
amaneció por él, dulcificando
la terrible visión de su vacío.
Al otoño volviste
caída entre las hojas,
porque era la estación que te quedaba
más cerca de la tierra;
alejada del hombre cuyo rostro
nunca conocerás, aunque le intuyas
resplandeciente al lado de esa otra
mujer que siempre llega
antes, por obra y gracia
de todos tus errores.


                                   (de TU LUMBRE AJENA, 2001)
 
 
 

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