viernes, 1 de julio de 2016





                               BRAHMS,  BRAHMS

 
El sentido de cada
dolor está en las notas
de su primera sinfonía, tiempo
invocado a sí mismo. Oh, la vida
que hacia el fin se proyecta,
lucero neblinoso
detrás del horizonte, cuántas veces
oírla es como un eco
en do menor, alzada
sobre el vértice esquivo
de viejas partituras.
Si los cielos se hunden, sobrevive
la luz en movimiento,
a pesar de lo amargo que el destino
compone a todas horas. Oh, su música
alarga la caída del crepúsculo,
ese momento donde convencerse
de que, si no es por él, nadie te toca.

 
                                                           (de TU LUMBRE AJENA, 2001)
        
Lienzo de Eduardo Moctezuma

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