viernes, 2 de enero de 2015

REYES MAGOS (I)

 
 
 

(del PREGÓN DE LA CABALGATA DE REYES MAGOS DEL ATENEO DE SEVILLA, 2003)


Quién le iba a decir a aquella niña de los años sesenta, cuyos ojos recibieron su primera luz de los Jardines de Murillo, y contemplaban siempre desde las puertas de su casa el tránsito de la Cabalgata de Reyes Magos, que, apenas comenzado el siglo XXI, tendría el privilegio y la suerte de pregonar tan señalado acontecimiento de vísperas de la Epifanía. Pero antes, y como si estuviese subida en la más brillante carroza a punto de salir, quiere lanzar al cielo su particular puñado de caramelos en memoria de su padre y sus abuelos, quienes le enseñaron a valorar el significado de estos personajes dentro del mensaje evangélico. 

Así, desde aquel primer resplandor de los Jardines a éste de ahora, no podría entender otra visión del singular cortejo si no discurriera por las inmediaciones de un espacio marcadamente sevillano, o si dejase de recortar sus perfiles en el último azul de un crepúsculo que también delinea, más al fondo, el cuerpo de campanas de la Giralda. Entonces, aquella niña sólo tenía que ponerse delante del comercio familiar para ver el más alegre y triunfal desfile que, gracias a nuestro Ateneo, hemos procurado mantener desde sus inicios. Una Cabalgata como recién estrenada para los sevillanos de la Puerta de la Carne, casi los primeros en disfrutarla con la penúltima claridad: 

            Un lucero llegaba cada tarde
            confiándonos su luz, dándonos nuevas
            de un viejo itinerario
            del Oriente y su estrella.
            Precursor de unos brillos
            que traspasaban nieblas,
            sabía de las ansias
            hasta el cinco de enero, sin espera,
            antesala de sueños escondidos
            durante el año. Como niña eterna,
            la tarde encandecía los Jardines
            desplegando al ocaso su arboleda.
            Pasaban las carrozas.
            Vuelo de serpentinas mensajeras
            coloreando el aire, caramelos
            desde una realeza
            elevada sobre la algarabía
            para tan dulce ofrenda.
            Hay noches en que un sueño se convierte
            en el lucero aquél de la inocencia
            como otra realidad; hay tantas noches
            que miran al Oriente y a su senda
            para hallar una luz... Enero sigue
            confiándonos la dicha verdadera.

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