domingo, 22 de enero de 2012

     


                      II


El amor lleva cíngulo de adioses,
se viste de fronteras, luce escarcha,
va tocado con nubes cenicientas.
Ahora digo que un día
me ciñó su ropaje
como oculto cilicio,
habitando mis poros
su lava permanente.
Soy estatua sin él, impío mármol
en donde la hojarasca se refugia,
caótico deseo para algunos
cuya insistencia me solidifica.
Y digo que una noche
cubrió mi desnudez
su túnica de llamas,
extático suplicio
con el que ya me había
disfrazado la muerte.


                                           (de RETABLO DE CENIZAS, 2011)

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