lunes, 21 de noviembre de 2011

                       



                 XIV

Cobíjate en la tierra,
haz las paces contigo y abandona
esa causa perdida
por la que tantas muertes has vivido.
Un arroyo te ciñe
el ansia de cruzar al otro lado,
donde apenas las aguas reconocen
tu mirada cayendo sobre ellas,
pero tienes que ser, hoy más que nunca,
quien responda de nuevo
y se erija en discípulo
de la sabia intemperie.
Desata tus raíces,
aprovecha su cielo subterráneo
para verlas crecer, mientras reposas
bajo el sol de otros árboles
nunca plantados, siempre verdecidos.
El arroyo que entonces
invadía tu cuerpo
es manso surtidor de plazoleta,
aunque se reconozca
el derecho de huir y no te siga.


                                              (de REGAZO E INTEMPERIE, 2007)

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