miércoles, 28 de septiembre de 2011

     


                    SORIA

Después de contemplarla, sus perfiles
se convierten en eco de tus ojos,
en envés del misterio.
Piedra rojiza, códice miniado,
tapiales adheridos a penumbras
que rondan el poniente, cuántos días
pensándola, sin más, inalterada.
Buscaste tu leyenda
remota y familiar entre los cerros;
volviste aquel verano
como quien nunca antes
había interrumpido su esperanza,
y ahora te transformas
en un ánima azul que la diluye.
Oh ciudad escogida por tu sombra
para desentrañarse,
cerco del corazón, rubor en vuelo,
cuánta mirada escrita
desde tu lucidez a sus espaldas.


               (De TU LUMBRE AJENA, 2001)

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