viernes, 30 de septiembre de 2011

     



            ABANDONO

Amigo, si la vida nos comparte,
si el río que nos une y nos separa
conoce su destino, deja entonces
que te busque en lo anónimo de un verso.

Amigo, nuestras manos son afluentes
que desembocan juntos. Pero luego
mi sangre es una hiel que nunca sueña
cercanías de mar y de ternura.

Amigo, dime al fin cuántas promesas
yacen en este cauce que anegamos
cada cual con su vida. Después pienso:
partirás como siempre, deshojando
tu adiós por ese río. Deja entonces
que el agua roce sola mis orillas.


                                               (De CONTEMPLACIONES, 1988)

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